La posibilidad de vivir experiencias
auténticas, mientras se goza de la tranquilidad y se recuperan
fuerzas, es la principal tentación que atrae al turismo
hacia el centro de Argentina. Pionera en la oferta de Turismo
Rural, la provincia de La Pampa cuenta con los paisajes
más acogedores y los establecimientos mejor acondicionados,
permitiendo a sus visitantes desconectarse completamente de la cotidianeidad.
Agradables caminatas, paseos a caballo,
avistaje de diversas especies, días de pic-nic, aprendizaje
de tareas del campo, guitarreadas, fogones, y todo aquello que se
le pueda ocurrir, siempre en el marco de un entorno rural, esta
opción turística constituye con seguridad un modo
apasionante de vacacionar en Argentina.
Emplazadas en magníficos
paisajes de llanura, hondonadas, cerros y suaves valles, las Estancias
Turísticas de La Pampa se diferencian unas de otras,
tanto por su entorno geográfico como por las actividades
que en cada una de ellas prevalecen. Entre los variados y encantadores
recintos existentes en la provincia, podemos nombrar: A
Puro Campo, enclavada en el Valle Argentino; Don
Justo, instalada en el desierto pampeano, y destacada por
su acceso a la posibilidad de practicar deportes acuáticos
y pesca; La Blanca, que hasta 1901 fue un asentamiento indígena
del que aún quedan huellas; La Holanda, levantada en el bosque
de caldenes y protectora de un importante museo histórico-artístico;
La Julia, ubicada en zona de bosques, lagunas y salitres; La Marianita,
dedicada a la producción agroganadera; San Carlos, cuya actividad
sobresaliente son las cabalgatas; Santo Domingo, de increíbles
paisajes; y Villaverde, que ofrece todo un concepto de vida rural
asociado a la paz y el costumbrismo.
Ambientes amplios, biblioteca o
rincón de lectura, sala de juegos, quincho y piscina, conforman
en general el casco de los establecimientos, que es donde los visitantes
se alojan previa conversación con los propios dueños
de cada lugar.
Degustación de comidas
caseras, horas compartidas con la peonada, participación
en yerras y contemplación de domas, cada momento en el
campo significa un reencuentro con las raíces,
la naturaleza y la paz interior.
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